La casa del artista desde el jardín de rosas
Rango de precios: desde 198€ hasta 407€
- El cuadro se pinta al óleo sobre lienzo.
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La casa del artista desde el jardín de rosas de Monet
Claude Monet pintó La casa del artista desde el jardín de rosas en 1922, durante su última etapa en Giverny, el lugar donde vivió y trabajó más de cuarenta años. La escena muestra su propia casa, la conocida Maison de Monet, vista desde el exuberante jardín de rosas que él mismo diseñó y cultivó con obsesión casi científica.
Ubicación del original
El cuadro original se conserva en el Musée Marmottan Monet, en París, institución que alberga la mayor colección de obras del pintor.
Medidas del original
88 × 93 cm
Óleo sobre lienzo.
Análisis de la composición
La composición está construida desde un punto de vista ligeramente bajo, como si el espectador estuviera inmerso en el jardín, rodeado de vegetación. La casa aparece parcialmente oculta, integrada en la masa vegetal, sin imponerse al entorno. Monet evita una estructura rígida: no hay líneas dominantes claras ni un eje central fuerte, sino un equilibrio orgánico basado en manchas y ritmos visuales.
La vegetación ocupa gran parte del espacio pictórico, generando una sensación de profundidad mediante superposiciones de planos y variaciones de textura. La arquitectura queda casi disuelta en el paisaje, reforzando la idea de naturaleza como protagonista absoluta. Todo fluye, nada se impone: el ojo se mueve libremente por la superficie del lienzo, sin un recorrido predeterminado.
Una obra del impresionismo que roza el expresionismo abstracto
Análisis cromático
Desde el punto de vista cromático, la obra es un verdadero estallido de color. Monet emplea una paleta rica y vibrante donde predominan los verdes, amarillos, rojos y violetas, aplicados en pinceladas densas y enérgicas. No busca la fidelidad literal al color real, sino la sensación lumínica y emocional del jardín.
Los contrastes entre colores cálidos y fríos generan tensión y movimiento, mientras que las mezclas ópticas —colores colocados uno junto a otro sin fundirse completamente— aportan vibración y vida a la superficie. La luz no proviene de un foco concreto, sino que parece emanar del propio color, envolviendo toda la escena en una atmósfera casi abstracta, propia del Monet más tardío.
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